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Nuestra Historia

Todo empezó con un susto en casa

Mi madre me tuvo con 44 años, mi padre con 57. Crecí sabiendo que el tiempo con ellos era distinto: más corto, más valioso. Hoy tengo 42 años, y ella es lo único que me queda.

Todo empezó con una caída en la calle. Una tontería, le quitamos importancia. “Tropecé, estoy bien”, dijo. Pero ese día algo cambió. Apareció el miedo. En su vida y en la mía.

Las caídas vinieron seguidas. En casa, en el baño, contra muebles. Aprendí a dormir con un oído puesto. Cada estruendo me paraba el corazón. Llegaba corriendo y allí estaba: en el suelo, a veces con sangre. Levantarla, parar la hemorragia, ir al hospital. Y volver a empezar al día siguiente.

Dejé de salir. Y aun así, cuando no estaba, ella se ponía más nerviosa y se caía más. Yo no podía vivir. Ella no podía vivir.

Un día, yo tenía que salir y mi preocupación, con sentido, me llevó a dejarle mi casco de bici. “Toma mamá, póntelo, yo me voy un rato. Si te caes, al menos no te abres la crisma.”

Esa misma tarde, lo estrenó: se cayó contra unas sillas de madera. Sin el casco habría sido grave. Con el casco, solo un susto.

Esa noche volví a dormir. Por primera vez en mucho tiempo.

Eso fue lo que me hizo crear SafeSeniors. Un casco de bici no estaba pensado para ella. Era incómodo, llamaba la atención en la calle. Pero sirvió. Y entendí que tenía que existir algo mejor: un protector ligero, discreto, cómodo. Algo que ella aceptara llevar. Algo que devolviera la calma a familias como la mía.

No vendo cascos. Vendo lo que yo necesitaba aquella noche: poder volver a dormir sabiendo que, si ocurre lo inevitable, el daño será menor.

— Gabino, fundador de SafeSeniors

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