Cuando no estás
lo que más te preocupa
es que se caiga
- DESPLAZAMIENTOSProtección extra en cambios de coche a silla, de silla a cama o de silla a ducha
- MOVILIDADProtección extra al circular en silla de ruedas
- PASEOSProtección extra ante tirones inesperados del perro en el paseo
- EN CASAProtección ante inseguridad en tareas cotidianas: limpieza, jardinería, subir escaleras o superar desniveles
- Compatible con gafas y aparatos auditivos
- Ultraligero y transpirable
- ULTIMOS DIAS - Oferta lanzamiento 34.90€
¿Te reconoces en estas situaciones?
💭 Se ha caído ya más de una vez. ¿Y si la próxima es la última?
💭 No puedes dejar de pensar en el golpe que todavía no ha pasado
💭 No puedes estar siempre ahí. Y eso, aunque nadie te lo diga, te corroe por dentro
Hay algo que sí puedes hacer hoy: minimizar esas situaciones con una protección real y efectiva.
Estas son solo algunas de las familias que ya duermen más tranquilas. Mira más historias reales
↓Lo que dicen las familias que ya lo tienen
Carmen R. — hija de usuaria
"Mi madre tiene 84 años y se había caído dos veces este año. Desde que usa el gorro, todos en casa estamos mucho más tranquilos. Ella dice que apenas lo nota puesto."
Javier M. — hijo de usuaria
"Se lo compré a mi madre para que estuviera más segura al caminar. Al principio dudaba, pero ahora no sale sin él. Muy contentos."
Ana B. — nieta de usuaria
"Se lo regalé a mi abuela por su cumpleaños. Llegó en un semana y pico. Merecio la pena , la familia entera está encantada. Vale cada céntimo por la tranquilidad que da."

Todo empezó con un susto en la calle
Todo empezó con un susto en la calle. Mi madre me tuvo con 42 años, mi padre con 57. Crecí sabiendo que el tiempo con ellos era distinto: más corto, más valioso. Ella es todo para mí, quien me dio la vida y me sacó adelante pese a la falta temprana de mi padre. Es lo único que me queda, y daré mi vida por ella al igual que ella hizo por mí. Todo empezó con una caída en la calle. Una tontería, le quitamos importancia. «Tropecé, estoy bien», dijo. Pero ese día algo cambió. Apareció el miedo. En su vida y en la mía.
A partir de ahí, el tiempo entre una caída y otra se acortaba cada vez más, al contrario que mis nervios, que iban en aumento. En casa, en el baño, contra los muebles: veía que en ciertos lugares se repetían las caídas. Y lo peor, en situaciones cotidianas que no hay forma de evitar para mantenerla a salvo. Quien ha pasado por esto lo entiende bien. Aprendí a dormir con un oído puesto. Cada estruendo me paraba el corazón. Llegaba corriendo y allí estaba: en el suelo, a veces con sangre. Levantarla, parar la hemorragia, ir al hospital. Y volver a empezar al día siguiente. Dejé de salir. Dejé todo para cuidarla y estar cerca el máximo tiempo posible, pero es inevitable: en el día a día hay responsabilidades y actividades que obligan a dejarla sola, así que limitaba al máximo esos momentos. Mi percepción era que, cuando yo no estaba, ella se ponía más nerviosa y se caía más veces en esos breves espacios de tiempo que cuando estaba conmigo. Pero eso, extendido en el tiempo, si no sabes dominar la mente —al ser una situación nueva, inesperada, sin preparación ni conocimiento— te termina superando. Yo no podía vivir. Ella no podía vivir. A raíz de eso, y coincidiendo con un día en que yo tenía que salir sí o sí, con mi preocupación cada vez más en aumento, se me ocurrió dejarle mi casco de bici. «Toma, mamá, póntelo». No le hizo gracia. Le insistí: «Por favor, que no puedo irme tranquilo así... si te caes, al menos no te abres la crisma». Y, efectivamente, esa misma tarde lo estrenó: se cayó contra unas sillas de madera. Sin el casco habría sido grave. Con el casco, solo un susto. Gracias a esa caída y a la efectividad del casco, esa noche volví a dormir relajado y más tranquilo. Y, después de un tiempo, al ver que la había protegido de un buen golpe, ella lo aceptó como suyo y empezó a usarlo en sus tareas por la casa. Lo mantuvimos así un tiempo, hasta que conseguí crear SafeSeniors. Un casco de bici no estaba pensado para ella: era incómodo, llamaba la atención en la calle. Pero sirvió en casa y fue la llave de la tranquilidad. Busqué con ahínco en ortopedias, tiendas de deporte, grandes almacenes y marketplaces algo que fuera realmente útil, y descubrí con asombro que lo que ofrecían era una castaña: diseño malo, aparatosos, feos y endebles, que ni siquiera cumplían medianamente su función. Otros, a un precio elevadísimo, casi prohibitivo. Así que lo pensé, lo estudié, lo evalué, y vi que tenía que crear algo mejor: un protector con garantías, inspirado en los protectores de deportistas de élite, reduciendo el volumen sin perder calidad ni seguridad en la protección, y rediseñado ligero, discreto y cómodo. Algo que ella aceptara llevar, que yo pudiera testear y comprobar su utilidad, y que sirviera para ayudar a otras familias: ofrecer un protector eficaz que devolviera la calma a familias como la mía.
No vendo cascos, ni protectores... Vendo tranquilidad. Eso que yo necesitaba noche tras noche: poder volver a dormir sabiendo que, si ocurre lo inevitable, el daño será menor. — Gabino, fundador de SafeSeniors
— Gabino, fundador de SafeSeniors
Del blog SafeSeniors
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